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PALANCANAS Y PALANCANEROS

«Lo más seguro es que mañana,
de vuelta la palancana»

Pues así ha sido, los tiempos cambiaron y los lavabos en los cuartos de baño sustituyeron a las socorridas palancanas o palanganas, que de las dos maneras se dice, y que es el recipiente que se utilizaba para echar el agua al asearse cuando en la viviendas no existía el agua corriente.

Sencillos palancaneros o palanganeros que sujetaban las palancanas o palanganas. Eran de hierro forjado en las fraguas de los pueblos, alrededor de 85 centímetros de altura, por lo común de tres pies. En el cerco superior del mismo se coloca la palangana o palancana.

Solían estar colocados en «el astro» o zaguán, que daba paso a las estancias de la planta baja de las antiguas casas alistanas, debajo de la escalera de acceso planta de arriba o «sobrao» al no existir los cuartos de baño, de frente en la pared, un pequeño espejo colgado de un clavo.

En el lugar donde encaja la palangana suele haber dos asas para colocar las toallas, y no falta tampoco un recipiente para el jabón.
A su lado un cántaro o una «herrada» con agua limpia y, no lejos, el cubo para la sucia, aunque casi siempre ésta se arrojaba directamente al corral.
Además era portátil y de fácil traslado a otro espacio de la casa, muchas veces en el propio corral donde daba el sol, al lado de la puerta de cuarterón en cuyo «fito» o marco se ponía colgado el espejo para los hombres afeitarse la barba con la navaja o la maquinilla de cuchillas.

Se aseaban en las palancanas o palanganas con su jarra en porcelana metálica, con filos en azul y menos corriente en rojo. Había varios tamaños.
Cuando se quedaban viejas se les solía dar una segunda vida que era usarlas como «cagaderas» para «amparar» o recoger «las muñicas» o boñigas de las vacas durante la trilla y evitar que cayesen a la «parva», también para sembrar en ellas llenas de tierra la grana de los tomates y pimientos que luego en primavera se plantarán en los huertos.

¿Guardáis todavía alguna en casa?











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