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🌽 Puede que hoy compres el gofio en un paquete. Antes, cada puñado costaba horas girando una piedra a mano.

En muchas casas de Canarias el gofio no faltaba nunca: con leche por la mañana, en el caldo a mediodía, en la mano a cualquier hora. Y en muchas familias se hacía en la propia casa, porque de él dependía buena parte de lo que se comía en la semana.

Todo empezaba por el grano. El millo (el maíz), el trigo o la cebada se limpiaban de piedrecitas y se tostaban al fuego, removidos sin parar con una cuchara de palo. Había que vigilar el punto: un grano poco tostado sabía a poco, y uno quemado lo amargaba todo.

🪨 Luego venía la piedra. El molino de mano eran dos piedras redondas, una sobre otra. Se echaba el grano caliente por el agujero del centro y se giraba la de arriba con un palo, vuelta tras vuelta, con la espalda doblada. A veces ayudaba un niño, echando el grano poco a poco para que no se atascara. Quien no tenía molino en casa llevaba el grano al molino del pueblo, de agua o de viento según la isla.

El gofio salía por el borde, fino y templado, y toda la cocina olía a tostado. Se guardaba en un saco de tela, en un rincón seco, para ir tirando de él los días siguientes.

🔍 Lo que muchos ignoran: el gofio no se cocina. Como el grano ya va tostado antes de molerlo, se puede comer tal cual. Por eso los pastores y los hombres del campo se lo llevaban en el zurrón y lo amasaban allí mismo, con agua o con leche, hasta formar una pella que se comía con la mano. Y no es cosa de ayer: ya lo comían los antiguos pobladores de las islas, mucho antes de la conquista castellana.

Puede que tú te acuerdes del ruido de la piedra, un roce sordo y largo, y de a quién le tocaba girarla. ¿Fuiste tú, tu madre o tu abuela?

¿Sabías que el gofio no necesita cocción porque el grano se tostaba antes de molerlo? Responde SÍ o NO 👇

#EspañaDeAntes #Nostalgia #VidaRural




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