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TENERIFE. CAMINO REAL DE TAGANANA El Camino Real de Taganana es uno de los cami…


TENERIFE. CAMINO REAL DE TAGANANA

El Camino Real de Taganana es uno de los caminos más antiguos de Tenerife y, posiblemente, el más peculiar de los caminos reales de la isla. Se trata de un camino público que unía la villa de La Laguna, capital insular, con el asentamiento de Taganana, en el interior del Macizo de Anaga. Desde la vega lagunera, se extiende por las crestas de los altos del Valle de Tahodio y del Valle Grande (Barranco del Bufadero) hasta el Roque de los Pasos, para luego descender por las Vueltas de Taganana bajo el Risco de la Guayosa, entrando en el pueblo de Taganana por el barrio de Portugal.

En 1506 se encargó su construcción a Cristóbal Rodríguez de León, comprometiéndose a realizar el camino en las siguientes condiciones: “Que tenga seis pies de ancho y de la parte de arriba un palmo más que de abajo y que donde estuviere montaña de parte de arriba que la deshaga de manera que pueda llegar a ella bestias con serones y cargas, y que todo el monte que estuviere sobre el camino que lo descubra y lo corte para que no llueva de los árboles y que todas las vueltas del camino que lo ha de hacer por donde se fuere señalado; y ha de ser hecho el dicho camino desde la casa de Juan Delgado hasta llegar a La Laguna” (Fuente: Serra Rafols, E.: Taganana, en Revista de Historia, 1944). Los trabajos no se realizaron y al año siguiente (1507) “los herederos de Taganana, Benijo, Afur y Santa Lucía (Almáciga)” contrataron a Hernando Gallego para terminar el camino que fuese hasta el valle e ingenio de Taganana, comenzando su trabajo “a partir del punto donde lo dejó empezado Cristóbal Rodríguez, y ha de arreglar toda la subida de la meseta del asomado de Tahodio, desde el pie hasta encima de ella. La anchura del camino será de dos varas de medir y por tierra firme; en los lugares donde haya risco que lo corten y se haga de modo que pueda pasar sin peligro ni riesgo alguno un caballo cargado con un serón de azúcar.” (Fuente: Protocolos del Escribano Juan Ruiz de Berlanga, 1507-1508. Instituto de Estudios Canarios, 1974).

Como se puede observar, desde un principio, en sus condiciones y trazado se construyó como un camino de cresta con capacidad para el paso de los carros, a modo de un camino carretero. Y es que, si bien los caminos reales estaban destinados a conectar los principales núcleos de población (constituyéndose en las grandes vías de comunicación insular bajo la protección del Concejo de la isla), este camino real tiene como rasgo característico que su función principal es económica, relacionada con la producción de azúcar. Así, en un primer intento, las tierras del valle de Taganana se concedieron a los mercaderes Jaime Joben y Pedro de Campos en el año 1500, con la condición que construyesen en ellas un ingenio azucarero; al no cumplirse, el Adelantado Fernández de Lugo impulsó la puesta en marcha del ingenio, que quedó bajo la dirección de Diego Sardinha, manteniéndose en funcionamiento al menos hasta 1590. Los trabajos del cultivo de caña y la elaboración de azúcar se constituyeron en la principal fuente de riqueza de los vecinos de Taganana, entre los que se encontraban 16 familias “de las islas” que recibieron tierras en el valle. En definitiva, la actividad del ingenio (gran cantidad de suministros, movimiento de personas, transporte de los productos) trajo como consecuencia inmediata la construcción de un camino que conectase el ingenio con la capital, siendo éste el origen del Camino Real de Taganana.

De igual modo, el camino también se utilizó para comunicar a los vecinos del Macizo de Anaga con La Laguna, pasando a configurarse, tras el primer tramo, como un camino de herradura y en diversas veredas que llegaban a los distintos caseríos diseminados del macizo, como Almáciga, Benijo, El Draguillo y Chamorga, alcanzando incluso estos senderos hasta el Faro de Anaga, en la punta noreste de la isla. Hasta allí llegó en el año 1879 el explorador belga Jules Joseph Leclerq, escribiendo que “llevaba ya trece horas caminando, cuando tras una revuelta del camino vi el Faro de Anaga encaramado sobre un elevado promontorio que forma el extremo oriental de Tenerife. Llamé a gritos a un campesino que descansaba en la puerta de su cabaña, y que acudiendo a prisa, me descargó la mochila, me ofreció gofio y fue a buscar agua fresca a lo alto de la montaña» (Leclercq, J.J.: Viaje a las Islas Afortunadas, 1880).

Estos caminos SÍ forman parte de la cultura popular isleña, y constituyen un rasgo auténtico y característico de nuestra identidad canaria.

Foto: Camino de Taganana, 1900-1905. Vista desde El Lomo. Al fondo, Roque de las Ánimas y Roque de Enmedio.
(Fuente: Archivo de Fotografía Histórica de Canarias, FEDAC)




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